Crisis
hipotecaria en estados unidos en el año 2008 y sus repercusiones
Cuando EE UU estornuda, el mundo se resfría. Este
eslogan del siglo XX se revela ahora más real que nunca, puesto que las
economías europeas se tambalean por culpa de una crisis económica creada a
miles de kilómetros. En el sistema financiero interconectado que existe
actualmente, lo que empezó como una serie de poco acertadas decisiones para los
intereses de EE UU, se ha expandido por todo el mundo y amenaza con hundir al
mundo en otra gran depresión.
La
crisis ha alcanzado proporciones peligrosas. Comenzó con la explosión de la
burbuja inmobiliaria estadounidense en 2005 tras un largo período de incesante
incremento de los precios de las viviendas. Por aquel entonces, el número de
familias que podía pagar una hipoteca había aumentado. Los prestamistas habían
empezado a llevar a cabo una práctica llamada crédito ‘subprime’, que consistía
en hacer préstamos a gente que normalmente no podría acceder a una hipoteca
para una casa por existir mayor riesgo de impago. Las hipotecas ‘subprime’
comenzaban con un bajo interés los primeros años para luego elevarse
drásticamente. En muchas ocasiones, a los prestatarios no se les explicaban
todos los riesgos y se les decía que podrían refinanciar la hipoteca en unos
años para mantener las tasas de interés bajas. Los economistas advirtieron de
los peligros, pero, en general, nadie en los EE UU quería interrumpir el
ambiente de fiesta que rodeaba a la burbuja inmobiliaria. Todo el mundo parecía
estar ganando dinero, tanto las empresas de construcción como los agentes
inmobiliarios y las compañías de materiales; y los consumidores eran felices:
tenían casa propia por primera vez en sus vidas. La industria se encontraba en
gran parte al margen del gobierno estadounidense tras décadas de firme
desregulación por parte del partido republicano.
Pero
en 2005-2006 llegó la hora de pagar el pato. Las tasas de interés de las
hipotecas ‘subprime’ se dispararon y muchos de los nuevos propietarios no
podían pagarlas o refinanciarlas. La crisis tendría que haberse quedado en los
propietarios de viviendas estadounidenses pero, desafortunadamente, tanto los
bancos como los prestamistas de estos asuntos habían traspasado la deuda a los
inversores. Los activos de la deuda se repartieron y se vendieron a otros
inversores y a bancos de todo el mundo en complicados paquetes financieros que
poca gente parecía entender del todo. Durante 2007, casi un 1,3 millones de
viviendas estadounidenses fueron sujeto de actividades financieras, un 79% más
que en 2006. Cundió el pánico: nadie parecía tener ninguna idea de quién era el
dueño de estas deudas ‘inútiles’, extendidas por todo el sistema financiero
mundial. De repente, los bancos ya no estaban dispuestos a hacer más préstamos,
lo que resultó en una crisis de crédito o credit crunch; es decir, un
período en el que hay poca liquidez (dinero en efectivo) en el sistema porque
nadie está prestando. Las pérdidas empezaron a acumularse. En julio de 2008,
los bancos y las principales instituciones financieras de todo el mundo
anunciaron pérdidas de alrededor de 435.000 millones de dólares.
En
la actualidad, tanto bancos como otras instituciones financieras no pueden
conseguir ningún crédito y se encuentran estancadas con activos negativos en
sus cuentas. Muchos han tenido que declarar la bancarrota o están a punto de
hacerlo. Los gobiernos han tenido que rescatar a estas instituciones por miedo
a lo que su colapso podría significar en la economía general. Entre estas
instituciones se encuentran Freddie Mac y Fannie May en EE UU, el gigante de
los seguros AIG, Northern Rock en Reino Unido y Fortis y Dexia en Bélgica.
Estas bancarrotas anticipadas han movido al gobierno estadounidense a preparar
un plan de rescate de 700.000 millones de dólares para estar preparados en caso
de quiebra y es posible que Reino Unido esté preparando algo similar.
La
crisis de las hipotecas ‘subprime’ y de crédito no son los únicos factores en
la mala situación económica de 2008. Los precios del petróleo están en su
récord máximo, provocado por las cada vez mayores necesidades energéticas de
las economías emergentes de China e India. Esto ha afectado de forma dramática
a los consumidores de Norteamérica y Europa de dos formas. Obligados a pagar
precios mucho más elevados por la gasolina y la calefacción, los costes
incrementados han hecho que los precios de la comida aumentaran también
dramáticamente, puesto que es necesario el petróleo para producirla y
transportarla. La comida es ahora mucho más cara en el mundo desarrollado de lo
que lo ha sido durante los disturbios por su causa en algunos casos.
Desde
el año 2000, se ha experimentado un significativo bum en el precio de las
materias primas después de que la depresión de los 80 y los 90 bajara
extremadamente los precios. Para enero de 2008, el petróleo había alcanzado un
nivel que la gente ya no podía permitirse, superando los 100 dólares por barril
por primera vez en la historia. Pero esto no era nada comparado con los precios
que alcanzó en julio de este año: 147 dólares. Después, hubo una rápida
ralentización en las economías norteamericanas y europeas. El 30 de septiembre,
Reino Unido reveló que había experimentado crecimiento cero en el trimestre
pasado. Junto a Alemania, las previsiones anunciaban recesión para finales de
2008. La eurozona, como un todo, se enfrenta a unos indicadores económicos
realmente nefastos.
La
crisis económica es el resultado de una serie de fallos humanos en EE UU y del
crecimiento natural de las economías del Este. Los precios del petróleo nunca
van a volver a experimentar los niveles del pasado y el mundo tiene que
aprender a adaptarse a esta nueva realidad. Al mismo tiempo, la crisis de
crédito (que se creó en EE UU) solo puede resolverse en EE UU. Hay, por tanto,
poco que Europa pueda hacer salvo esperar y tratar de capear la tormenta.
COMENTARIO:
En la crisis de
2008, el problema fue que los créditos hipotecarios norteamericanos se había
convertido en "obligaciones estructuradas" y se habían negociado en
los mercados financieros de todo el mundo. Por eso, cuando fue evidente que
esas deudas tenían problemas, todo aquel que pudiera tener "obligaciones
estructuradas" era sospechoso de tener problemas financieros. Y esa
sospecha fue el veneno que mató al elemento más importante de las finanzas: la
confianza.
BIBLIOGRÁFICAS:
www3.uah.es/iaes/publicaciones/DT_02_11.pdf
blogs.gestion.pe/economiaparatodos/2012/05/impactos-de-la-crisis-sobre-am.htm
www.elcomercio.com/opinion/crisis-del-2008.html

Muy buena informacion
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